
II
Te veo uncido a la ancestral cadena
que eslabonó en silencio la hidalguía,
sangrar por llaga de melancolía,
del circo nuevo mártir en la arena.
El mismo en el decoro y en la pena
—dueño de la raíz de Andalucía—,
respondiendo al dolor «¡qué importa un día!»
sucumbiste de angustia nazarena.
En negra roca se astilló el espejo
al que tu alma se asomó desnuda
para gozar el éxtasis divino.
y al esfumarse el fúnebre cortejo
más de un millón de muertos te saluda,
máximo hermano en el común destino.
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