"Fiebre y épica: Raúl González Tuñón, corresponsal de la Guerra Civil Española", de Jesús Cano Reyes
(fragmento de un artículo publicado en la revista Anales de Literatura Hispanoamericana, de la Universidad Complutense de Madrid)

Uno de los
más destacados corresponsales hispanoamericanos de la Guerra Civil Española no
es otro que el poeta Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974). Acaso
merezca la pena recordar las categóricas palabras que en una carta de 1993
escribiera Octavio Paz a Eduardo Álvarez Tuñón (su sobrino), reconociendo la
condición pionera del poeta bonaerense:
Para esa generación [la de los años treinta] escribir poesía combativa era escribir a la sombra de Raúl González Tuñón. Es el Rubén Darío de la poesía social y no cometo una herejía si afirmo que España en el corazón de Neruda y España aparta de mí este cáliz, de Vallejo, no hubieran podido ser sin La rosa blindada. Neruda lo reconoció con todas las letras y Vallejo hubiese hecho otro tanto si la muerte no lo hubiese sorprendido en París, en 1938. (Orgambide 1997: 119)
Cuando se
examina el conjunto de la obra de Raúl González Tuñón, es fácil reconocer la
existencia de dos vertientes que en un principio podrían parecer muy diferentes:
el poeta viajero, que recorre los puertos, las tabernas y las ciudades con un
afán aventurero, y el poeta militante, que compromete su pluma y su palabra
desde las tribunas, los periódicos y los versos. Por este motivo, en función
del momento vital en el que una vertiente u otra cobran mayor fuerza, los
estudios que se han acercado a la producción del autor han privilegiado en cada
momento una de las dos facetas. Dentro de los diversos posicionamientos que ha adoptado la crítica, me
parece plausible la propuesta de Jorge Boccanera, quien sugiere que el concepto
de viaje puede ser tomado de manera amplia para englobar todas las
posibilidades, incluida la pulsión militante: “Su extensa obra acepta la
palabra viaje como punto de partida
de una experiencia poética ligada a la aventura,
la vanguardia y la revolución” (2009: 39). De la unión de
los conceptos de viaje y revolución, surge un tercer elemento: España, que se
materializa tan poderosamente en su obra.
Raúl González Tuñón visita España en tres ocasiones
antes de o durante la guerra. La primera de ellas es apenas un breve atisbo del
país y forma parte del viaje de iniciación que lleva a cabo por Europa en 1929
(cuya experiencia le servirá para alumbrar su célebre poemario La calle del agujero en la media,
publicado al año siguiente). En el barco español Cabo Palos, de camino a París, visita tan sólo de paso algunas
ciudades costeras, como Málaga, Alicante y Barcelona (Salas 1975: 56). Es la
primera toma de contacto con el país y, aunque por su brevedad no pueda dejarle
una huella profunda, aumentan sus ganas de regresar y conocerlo a fondo.

Al mismo tiempo, su producción no se detiene y sigue escribiendo tanto poemas como notas periodísticas que publica en diferentes medios españoles: Leviatán, Ciudad, Línea, Caballo Verde para la Poesía y Heraldo de Aragón. Para algunos de ellos entrega poemas ya editados, pero también hace colaboraciones específicas para otros, como la novela colectiva que aparece en Línea –titulada Suma y sigue o el cuento de nunca acabar, 1935-1936– o las reflexiones más lúdicas de Ciudad. Entretanto, la agencia de noticias ANDI distribuye los artículos de Tuñón a unos setenta periódicos argentinos (Ferrari 2006: 60).
Tras varios meses en Buenos Aires, se produce el levantamiento militar y González Tuñón tiene nueva oportunidad de regresar a España, esta vez en calidad de periodista. Se embarca en febrero de 1937 como corresponsal de La Nueva España; lo acompaña en el viaje su compañero y amigo Cayetano Córdova Iturburu, que es a su vez corresponsal de Crítica. Permanece en España entre marzo y julio de ese año, desplazándose constantemente por el frente entre Madrid, Barcelona y Valencia. Además de sus crónicas para La Nueva España, escribe reportajes para El Diario, colabora con las revistas Ahora, Ayuda y Hora de España, y publica poemas en El Mono Azul de Alberti (78).
El 4 de julio, como es sabido, se inaugura el II Congreso de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, que se desarrolla en Valencia, Madrid, Barcelona y París, donde se clausura el día 17. El poeta participa en el evento con tres intervenciones públicas: en la sesión inaugural de Valencia el 4 de julio, en la sesión madrileña del día 6 y en la sesión de clausura celebrada en París el día 17 (Aznar Soler 1987: 186). De allí, Raúl González Tuñón se desplaza a Amberes, lugar desde el cual zarpa su barco hacia América el 28 de agosto (Schiavo 2009: 452). Se trata de un barco carguero, el Arica, cuyo destino es Valparaíso; los únicos pasajeros son Pablo Neruda, Delia del Carril, Amparo Mom y Raúl González Tuñón.
Comentarios
Publicar un comentario