

En la Guerra Civil Española miles de voluntarios combatieron al lado nuestro. Muchos cubanos dieron su ejemplo internacionalista al formar parte de la Brigada Lincoln. El más destacado de ellos, Pablo de la Torriente Brau, murió en Majadahonda. Como Pablo, otros muchos quedaron sepultados por la metralla en esa tierra tan querida.
Se conservan varias fotografías de 1936 en las que se ve a Lam junto a otros militares o junto a la que fue su compañera en la vida y en la lucha, Balbina Barrera. Durante esos años estuvo en contacto con intelectuales antifascistas españoles y el Partido Comunista le envió a trabajar a una fábrica de explosivos, lo que le provocó una grave intoxicación por la que tuvo que ser trasladado al balneario de Caldas de Montbuy. Realizó distintos anuncios para la película soviética Los marinos de Cronstadt y una serie de carteles propagandísticos en defensa de la República. Ya en Barcelona, trabajó en la Comisaría de Armamentos y en el Sindicato de Pintores de la UGT, lo que le permitió preparar una escenografía para una obra teatral ofrecida a los soldados convalecientes. Un día antes de la caída en Barcelona partió junto a su nueva compañera Helena Hozer rumbo a París.
Las obras que mejor representan esta etapa en la que la pintura se convirtió
para Lam en instrumento de combate son "La guerra civil" (1937), "El desastre" y "Dolor de España" (1938), estas dos últimas realizadas ya en Francia. Estos tres cuadros representan el sufrimiento de un país que el pintor sintió como propio y cuyo recuerdo llevaría consigo a lo largo de su vida.
En 1980 Wifredo Lam describió la dolorosa experiencia de la derrota de España, que para él -como para Alejo Carpentier y otros cubanos- sería compensada solo
con el triunfo de la Revolución en 1959:

Tras la derrota, no he dejado de pensar un solo día de mi vida en los acontecimientos que se sucedieron. Es algo que viví en carne propia y no quiero olvidarlo, no voy a olvidarlo (...) Salir derrotado de España fue y es para mí un dolor tan profundo que nunca he dejado de llevarlo dentro. En la amada tierra española dejaba a Eva y a mi hijo, muertos. Dejaba allí también a muchos hermanos de lucha. Aquella derrota fue como si bajara el telón de una obra de teatro que solo volvería a levantarse con el triunfo de la Revolución Cubana.
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